ALFREDO GARCÍA REVUELTA   www.garciarevuelta.com  
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ALFREDO GARCÍA REVUELTA .
"Contra el viento. 1987-2008".
Febrero-Marzo 2009

El sonido del encuentro (o desencuentro) de dos cuerpos, la onomatopeya de un choque, siempre es un rumor, un eco demasiado ambiguo aún incluso para llamarse sonido, por lo que normalmente se considera que su inarticulación e irregularidad corresponde a la de un ruido. Las cosas, los paisajes, los cuerpos, no nos envían una señal clara a la vista, sino la imagen de un rumor a interpretar, un golpe en el ojo, antes que una suave forma en espera de ser descifrada. En la obra de Alfredo, la dinámica de los contrastes, el montaje de las imágenes, los choques temáticos, se encuentra dentro de una disfunción onírica, una poética de la imagen como ensueño. Para encontrar referentes sobre el montaje lógico de dos imágenes que por aproximación producen un efecto de rumor, debemos mirar a los sueños sin filtrar, trabajo complejo, que quizá nos debiera llevar a pensar por qué prestamos tan escasa atención a las imágenes que ocupan un tercio de nuestras vidas. Un perro andaluz sería un referente para que habláramos de una lógica de conexiones onírica similar, sin aún normalizar por el “estilo” surrealista. Imagen que se abre, pero imagen que se conecta libre, donde el sentido de la posibilidad deja franca casi de forma molesta y violenta la siguiente conexión causal. La obra de Alfredo posee muchos pliegues para saborear. Violencia y melancolía, si elegimos esta función del sueño y el asombro. Lo causal no es lo casual, pero lo casual no existe, sino que en la poética del artista, es una forma que busca su sentido, oscuro, oculto, perdido, nunca quimérico. La ironía y lo cómico aparecen siempre que la imaginación y el asombro nos han colocado en el vértice de lo que no podemos entender. Para Bergson, la risa surge de esa inadecuación patentizada y es un sentimiento provocador, en espera de contagio. La risa, como la imagen, es una conmoción, es decir, quiere que el espectador se mueva por la misma fuerza misteriosa que obligó al autor a una exteriorización de sentido en la imagen. Esa imagen tendrá éxito cuando contagie su intención, cuando escuchemos compartido su rumor. En palabras de Bergson “Hay estados de alma que conmueven apenas se dan a conocer; hay alegrías y tristezas con las cuales se simpatiza; pasiones y vicios que provocan el asom­bro, el horror o la piedad; sentimientos, en fin, que se prolongan de alma en alma por resonancias sen­timentales. Todo esto afecta a lo esencial de la vida, todo esto es serio, y a veces hasta trágico.“ La fuerza súbita de lo que nos asombra está diametralmente enfrentada a las imágenes que conservan y producen un sonido causal, discursos de desarrollo esperable, aburridos y predecibles como un teorema, un discurso político, una comunicación de intenciones, una lectura de un acuerdo de junta vecinal o una orden o edicto judicial. Por supuesto, nada de pasión en ellas; les ha sido extraída a la vez que la capacidad de asombrarnos o divertirnos.

Extracto del texto del catálogo editado por la Galería Metta. Miguel Copón

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The sound of the encounter (or estrangement) between two bodies, the onomatopoeia of a collision, is always a murmur, an eco that is too ambiguous to even be called a sound, so that it is normally considered as soundless and irregular as a noise. Things, landscapes, bodies do not send us a clear signal but an image of a murmur to be interpreted, a punch in the eye instead of a soft shape waiting to be deciphered.  In Alfredo’s work, the dynamics of the contrasts, the assembly of the images, the thematic collisions, are found within an oneiric dysfunction, the poetry of image as fantasy. In order to find references concerning the logical assembly of two images that, due to their closeness, produce the effect of a murmur, we must look at dreams unfiltered, complete works, which should perhaps make us wonder why we don't pay attention to the images that occupy one-third of our lives. Un perro andaluz would be a reference to discuss the logic of similar oneiric connections still unaffected by the surrealist "style."  An image that unfolds, but also an image that connects freely, where the sense of possibility almost violently and uncomfortably leaves the next causal connection open. Alfredo’s work has many folds to be savoured. Violence and melancholy, if we choose that function of dreams and astonishment. The causal is not a coincidence, but coincidence does not exist. The poetics of an artist is a way the artist searches for meaning, dark, hidden, lost, never illusory. Irony and comedy always appear when imagination and astonishment place us on the vertex of what we do not understand. For Bergson, laughter is inadequacy made patent, a provocative feeling, waiting to infect others. Laughter, like the image, is a commotion, in other words, it wants the spectator to move for the same mysterious reasons the author was forced to externalise meaning through the image.  That image will be successful when it transmits its intention, when we hear its murmur. In Bergson’s words, “There are moods which move us as soon us as soon as we perceive them, joys and sorrows with which we sympathise, passions and vices which call forth painful astonishment, terror or pity, in the beholder; in short, sentiments that are prolonged in sentimental overtones from mind to mind.  All this concerns the essential of life. All this is serious, at times even tragic.” The sudden strength of what astonishes us is diametrically opposed to the images that retain and produce a causal sound, a discourse with an expected development, boring and predictable like a theorem, a political speech, a declaration of intentions, the reading of an agreement at a neighbourhood committee meeting or a judicial edict or order. Of course, without any passion; the passion was removed at the same time it lost its capacity to astonish or amuse us.

Extract of the edited catalogue by Galería Metta. Miguel Copón